Pale Communion: el cambio imparable de Opeth.

Opeth es uno de los grupos de metal más famosos del planeta. La fusión del progresivo con Death Metal les ha llevado a conquistar al público y a la crítica con un sonido propio y otra manera de entender los cánones de un estilo, abriendo el abanico a influencias como el folk, la psicodelia o el progresivo más puro de los años setenta. Sin duda, con Orchid (1995) dejaron bien claro que lo suyo tiraba por un Death Metal implacable pero con ese algo más: un punto de Doom Metal, predominio de pasajes con más melodía y un manejo brillante de las atmósferas. Pronto se vio lo que podía dar de si la fusión de la brutalidad del metal más puro con la delicadeza extrema de los pasajes con los que Opeth ha conquistado el mundo a lo largo de su extensa discografía. 

Y apenas un año después, lanzaron su segundo disco, Morningrise (1996) en donde no hacían más que reafirmarse en el camino elegido: los primeros temas complejos, expansivos y puramente progresivos hacían por fin su aparición (Black Rose Immortal) resaltando la dualidad de la misma alma y esencia del grupo que es alternar pasajes salvajes y puramente metálicos con interludios más delicados y sobrios. Que fuera su disco más largo hasta la fecha dice mucho del intento de Akerfeldt y compañía por querer innovar dentro de un terreno cerrado como es el Death Metal.

Todo este nuevo sonido terminó por cuajar en My Arms, Your Hearse (1998). Este disco fue el preludio perfecto del brillante Still Life (1999), su segundo mejor disco, donde continúan la estela conceptual que habían iniciado en My Arms, Your Hearse (1998) al narrar una historia de destierros, amores imposibles y melancolía extrema a través de los pasajes oscuros y profundamente emocionales (Face of Melinda, Godhead’s Lament, The Moor) en una bigamia perfecta entre el alma oscura y profundamente metal del grupo y un espíritu blanco, níveo y emocional, que era la melodía.

opethbanda

Sin embargo, Blackwater Park (2001) fue el punto perfecto: Opeth en su mejor momento. (The Lepper Affinitty, Bleak, The Drappery Falls, Blackwater Park). Jamás han vuelto a sonar tan brillantes y acertados, en una obra perfecta que aunaba mejor que nunca las dos voces del grupo, la luz y la oscuridad. Una metáfora sobre el mundo terrenal y el espiritual que daba paso a uno de los mejores discos del metal de todos los tiempos.

La dualidad, como decíamos, de Opeth: el metal y la melodía, quedaron perfectamente retratadas en sus dos siguientes discos. Por un lado, Deliverance (2002) dejaba suelta a la bestia interior del grupo sin contemplaciones, donde el terreno estaba plagado de blast beats, riffs de puro Death Metal y voces duras y oscuras, en el disco más extremo que han grabado jamás (Wreath, Master Apprentices, Deliverance). Nació con el empeño de concentrar toda la faceta más metal del grupo en un solo lanzamiento. En contrapartida, apenas un año después, Damnation (2003) retrataba con una sensibilidad exquisita la vertiente más suave, más elegante y más melódica del grupo (Windowpane, In My Time Of Need, Death Wishpered a Lullaby, To Rid the Disease). Ambos discos son básicos para explicar ambas vertientes en las que siempre se ha movido el grupo.

Ghost Reveries (2005) introduce de manera más predominante un elemento que siempre habían pasado desapercibido, los teclados. Este instrumento es el protagonista de esta entrega, donde se encuentran algunas de las mejores canciones del grupo (The Baying of the Hounds, The Grand Conjuration, Ghost of Perdition) y a la vez que mantienen la misma dualidad que forma parte del núcleo, a veces oscuro y despiadado y otras benigno y luminoso, de Opeth. Años después, llegó Watershed (2008), que aunque tiene momentos brillantes (The Lotus Eater, Burden, Hex Omega, Hessian Peel) se empieza a intuir un cansancio, una voluntad de probar cosas nuevas que, si bien lo habían conseguido todo en el terreno del metal progresivo, la necesidad creativa tiraba por otros derroteros. El propio Akerfeldt, en varias entrevistas, decía sentirse muy poco identificado con una escena del metal que “parecía haber olvidado sus orígenes“. Y hasta la fecha, fue la última ocasión donde los acordes del Death Metal más intenso han sonado en Opeth.

Porque Heritage (2011) supuso un cambio radical. Demasiado brusco dijeron muchos. Eliminando completamente todo rastro de Death Metal de las composiciones de Opeth, este disco es una colección de metal progresivo con aires muy setenteros y muy experimental: las canciones son conjuntos de partes, desordenadas y bastante complejas, en donde el grupo se dedica a rendir un homenaje al patrimonio del metal progresivo de los años setenta, a grupos como Rush, Jethro Tull, Pink Floyd, que les vio nacer a ellos mismos (Famine, The Devil’s Orchard, The Lines in My Hand). Aun así, tiene un alma muy oscura y siniestra, marca de la casa que siempre ha reafirmado a los suecos.

Y hoy, Pale Communion (2014), el onceavo disco de estudio de Opeth, viene para reafirmar ese camino.

Opeth_Pale_Communion_album_artwork

Eliminando de nuevo todo rastro de Death Metal, Pale Communion (2014) tiene bastantes aspectos positivos: cogiendo la influencia que abrieron en Heritage (2011), Opeth ha ajustado el punto de mira y los tiros son más certeros, ya no suenan tan desparramados ni tan experimentales o caóticos como en su anterior trabajo. Mikael Akerfeldt canta bastante mejor y las canciones tienen un sentido mucho más definido. Si Heritage (2011) era más bien un conjunto de partes inconexas a las que se había dado una estructura, aquí son temas puramente progresivos, mejor construidos y más centrados. En definitiva, Pale Communion (2014) coge todo lo bueno que había en su anterior disco y lo potencia, regalándonos uno de los discos del año.

Pale Communion (2014) está plagado de buenos temas y de momentos extremadamente brillantes, siendo para mi los mejores: Eternal Rains Will Come, Cusp of Eternity, Faith in Others, Sun AboveMoon Below, Voice of Treason y River, y a pesar de ser un disco puramente inspirado en el rollo seventies de su anterior trabajo, también se aprecian guiños del Damnation (2003) (Moon Above, Sun Below, Faith in Others) o de Ghost Reveries (2005) (River, Voice of Treason) pero a pesar de lo que pudiera parecer, con el cambio radical de estilo no se ha perdido un ápice de la oscuridad propia de Opeth.

Goblin nos da pistas del rollo jazz que han decidido incluir en Pale Communion (2014), un tema que es un perfecto ejemplo donde el señor Martin Axenrot a las baquetas ha mejorado infinito, pero incluso en el conjunto general de las canciones (River, Voice of Treason) es en este disco donde se aprecia con toda claridad lo enorme batería es. River, en cambio, es para mi el tema principal, el epicentro del disco: el que es ya uno de los mejores temas de Opeth es una tremendísima canción compuesta en dos partes diferenciadas, con un comienzo optimista, con coros gospel y punteado de manera magistral por el bajo de Martin Méndez y uno de los mejores solos de guitarra que le he escuchado al señor Fredrik Åkesson que abre la puerta a la segunda parte del tema, con mucho jazz y con guitarras progresivas con teclados y ritmos de guitarra propios del Ghost Reveries (2005).

En general, Pale Communion (2014) es una confirmación de que el Death Metal progresivo (quizá) nunca volverá a sonar en Opeth. Pero esto sólo significa que han entrado en un terreno que acaban de explorar y que aún nos tiene que dar las mayores alegrías bajo la lupa propia de Opeth. Sin embargo, esta obra tiene un pero que quizá lastre un poco la propuesta: la mentalidad de Mikael Akerfeldt en Heritage (2014) de entrar arramplando con todo en el terreno del progresivo setentero es algo que se ha refinado y que se ha mejorado en este nuevo disco. Una vez aterrizados en un terreno nuevo, parece que se encuentan cómodos. Y aunque Pale Communion (2014) sea uno de los mejores discos que les haya escuchado nunca,  no dejo de pensar en por qué un grupo, con un estilo propio, definido, exitoso y que han revolucionado los terrenos del Death Metal más progresivo, ha decidido tirar por un terreno que, simplemente, ya estaba hecho. Es decir, si quiero escuchar progresivo setentero, ahí están Yes, Camel, Rush, Jethro Tull, King Crimson, Pink Floyd y tantos y tantos nombres, donde seguramente veré temas mejores de los compuestos aquí por Opeth. La impresión que me queda es que, en un terreno que ya se ha tocado multitud de ocasiones, Opeth decide revisitar un estilo anterior en vez de seguir yendo hacia delante dentro de su propio terreno.

A pesar de ello, no dejo de insistir en que Pale Communion (2014) es uno de los discazos del año, donde Opeth se acomoda en un terreno que, si siguen así, nos puede dar muchas alegrías. Tiene momentos totalmente progresivos, algunos más intimistas (Faith in Others) en un disco donde Akerfedlt se siente más cómodo que nunca en su faceta melódica, que tiene muchísimo potencial y que es, por fín, explotada como merece. Discazo, señoras y señores.

p18qlm0etbnbu1l7e11v6c856er4

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: